ALIMENTOS FUNCIONALES
Quién? o qué?, mantiene la vida. Lo que demostró el doctor Burr, de la Universidad de Yale, mediante el uso de instrumentos de alta sensibilidad, es que las plantas, los animales y los seres humanos poseemos campos de fuerza electromagnéticos o campos energéticos. Desde estos campos se forman los seres vivos, a la vez que son regulados por ellos.
Recientemente el bioquímico británico Rupert Sheldrake, fisiólogo consejero del Instituto Internacional de la India, sorprendió a los científicos con una nueva idea: de que “ los campos morfogenéticos existen antes de la formación y desarrollo de los seres vivos ”, algo así que son la guía de construcción.
En la actualidad multitud de aparatos de alta sensibilidad pueden detectar la existencia de unos campos eléctricos alrededor de los seres vivos. Es lo que llamamos cuerpo etérico o vital. Esto es válido para los árboles, plantas, animales ……. y seres humanos.
Si estos campos fluctúan, ¿ qué los hace fluctuar ?. Estos campos dependen de los grandes cambios que experimentamos a lo largo de la vida ( nacimiento, crecimiento, envejecimiento ) y también de los pequeños cambios ( digestión, respiración, sueño ).
Por lo tanto lo que más interesa en el tema en cuestión es conocer cómo nos ayudan o nos perjudican los alimentos, pues en la medida que nuestros campos energéticos no sean artificialmente alterados tendremos salud y mayor protección a las enfermedades.
El hecho innegable de aceptar la existencia de campos energéticos relacionados con la vida, nos traslada a un concepto diferente de los alimentos superando la concepción mecanicista, que ve los alimentos en función de sus componentes: proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas. Más que negar esta concepción es complementarla considerando también “ la biografía ” del alimento. Y es que los alimentos son organismos vegetales o animales que hace mucho o poco eran seres vivos. Si al matar un animal, cortar una verdura de la huerta, moler harina desde granos de cereales completos y vivos,…… el campo energético varía, resulta razonable pensar que nos nutrimos no sólo de macro y micronutrientes de los alimentos sino también de sus campos energéticos.
Estamos lejos de pensar que un alimento refinado al que se le extrae la piel y el germen, sea mejor. Esas prácticas de refinamiento de cereales se iniciaron en el siglo XIX por la monarquía inglesa, debido a los excedentes de arroz provenientes de la India, que en aquellos tiempos era colonia británica. Con la llegada de toneladas de arroz vía marítima a los puertos del Reino Unido, con la intención de comercializarlos, se almacenaban para varios años, pero se encontraron con el inconveniente de que los aceites esenciales que contenía el arroz en su piel se enranciaban. La solución no se hizo esperar, pues gracias a la Revolución Industrial la llegada de los molinos de acero permitía regular a la perfección la separación de las muelas y de esa manera “ cascar ” el grano y separarle la piel y junto a esta se arrastraba el germen, ambos de un gran valor desde todos los puntos de vista. Una vez el arroz blanco y despojado de los aceites esenciales los podían almacenar más años, esto benefició el comercio y algún que otro bolsillo, pero perjudicó la salud de todos. Pues el arroz desde siempre ha sido la base de la dieta en Oriente. Hasta tal punto que en poblaciones con dieta básica de arroz, el cambio de arroz natural ( integral ) a blanco provocó el beri-beri, enfermedad antes desconocida y que se produce por carencia de vitamina B1, vitamina presente en la piel del grano de arroz. Sin duda una triste historia que sigue acarreando consecuencias hasta nuestros días.
Lo mismo sucedió con el trigo al que se le despojó de la piel natural que lo protege de la intemperie, que es lo que vulgarmente se llama salvado. Tras la piel desaparecía también el germen de trigo.
En nuestros días, fruto de un mayor conocimiento en dietética y reconociendo la valía del salvado y el germen, la merma alimenticia que sufren los panes blancos respecto a los panes integrales es clara, y la solución que se adopta es de una miopía que ralla la estupidez, se le termina añadiendo lo que anteriormente se le quitó. Es como cortarse un brazo y reemplazarlo por una prótesis. De esta forma se aíslan los componentes de un organismo vivo y se vuelven a mezclar sin poder re-crearse de nuevo. De hecho el pan integral auténtico nutre y no engorda y un pan blanco engorde y nutre poco.
De ahí la práctica muy común de “ enriquecer ” los alimentos con calcio, vitaminas, ácidos grasos poliinsaturados omegas 3, fibras solubles o insolubles, …., todo es bajo una visión materialista de los alimentos. El mejor alimento es aquel que nos proporciona la Naturaleza con las menores alteraciones posibles.
Las grandes compañías alimentarias invierten en nuevos productos para diferenciarse de la competencia, y dando a entender al consumidor que sus equipos de investigación superan en calidad a la propia Naturaleza y nos van a proporcionar vitalidad, juventud y salud. Este modelo publicitario sirve mucho hoy en día pues ya pasaron aquellos tiempos que comíamos para sobrevivir, hoy se le pide a los alimentos mas funciones que la de llenar “ el buche ”.
Uno de los conceptos mas utilizados en la alimentación son los alimentos funcionales. Estos los podríamos definir como alimentos que además de nutrir tienen una misión positiva en una o mas funciones definidas del organismo.
Para poder ser relatadas las bondades del alimento mas sus añadidos en las etiquetas, la Administración solicita una investigación seria que lo avale, y así podrá decir que este alimento baja el colesterol o protege el corazón por ejemplo.
Los consumidores no vemos muy claro que tienen estos alimentos que no tenga una sencilla lenteja, arroz, quinoa o una manzana, todos con su calcio, vitaminas, omegas 3 y fibras solubles e insolubles, y su capacidad de germinar y generar vida.
El sistema capitalista tiene la rara habilidad de complicar lo sencillo si con eso genera gastos/ingresos que darán mas rentabilidad que comer directamente los alimentos desde el campo, y por supuesto generando mayor contaminación.
En la Naturaleza están los verdaderos alimentos funcionales:
Desde la leche materna que nutre y protege al bebé de enfermedades, favoreciendo su sistema inmunológico y protegiéndolo de futuras alergias, hasta los cereales y legumbres que nos nutren y dan mucha vida, transmitiéndonos sus campos vitales. Quiero recordar las bondades de la soja, proteínas inteligentes, amigas de las mujeres, del crecimiento infantil y protector de la enfermedades cardiovasculares.
Nunca una leche maternizada, hoy llamada fórmulas lácteas de farmacia pueden sustituir la leche materna obtenida desde la sangre de la madre, pues un engendro industrial jamás proporcionará al bebé un campo energético vivo. Ya nos preocuparemos los dietistas que la madre coma alimentos vitales.
Así podemos entender el poder terapéutico de comer verduras y frutas de nuestra región, de la estación y si es posible del árbol y de nuestras huertas. Y siempre que consumimos cereales naturales y otras semillas con frutas de cultivos eco-lógicos garantizamos la alimentación de estos campos energéticos.
Otra cosa es que se consigan los alimentos con cultivos i-lógicos y tras un fuerte procesado industrial queden desvitalizados, entonces si se justifica la necesidad de revitalizarlos artificialmente y vendiéndolos como funcionales. Pero, ¿ Qué campos energéticos nos proporcionaran ?. Por eso yo diferencio alimentos, de comestibles y os emplazo a consumir cereales integrales, legumbres y verduras/frutas del tiempo y del lugar principalmente, para generar y mantener salud..
¡ Buen provecho !
Casa-Taller SALUZ - Javier Arocena
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